Migrantes medioambientales

Migraciones medioambientales: definiciones jurídicas

Las migraciones siempre han caracterizado la historia de la humanidad. El deterioro o la destrucción de su entorno natural pudo haber sido la causa. Pero, ¿cuáles son las consecuencias jurídicas de la migración? Los migrantes, ¿reciben siempre el mismo trato jurídico? ¿Tienen las migraciones medioambientales reconocimiento jurídico?

Estamos en la era de las migraciones, incluso si no todos somos libres de migrar y no siempre quien migra tiene el derecho de vivir de forma regular en otro país. Después de la Segunda Guerra Mundial, se desarrolló un sistema de protección de los derechos humanos que incluía el derecho de asilo. Durante un largo periodo de tiempo, sin embargo, se ha debatido sobre la crisis del sistema de asilo porque este ha sufrido fuertes restricciones. Europa se ha convertido en una fortaleza y en todas partes se erigen muros y barreras físicas para evitar la entrada de persona. No todos los migrantes son iguales: a cada categoría jurídica le corresponde unas normas diferentes para la entrada y la residencia, así como diferentes derechos y grados de protección.

En este escenario, la posición de los migrantes medioambientales no queda clara. ¿Son migrantes voluntarios, económicos o forzados, como los refugiados? El aumento del número de personas obligadas a migrar por motivos medioambientales nos ha llevado a reflexionar sobre el reconocimiento jurídico de este tipo de migración medioambiental, aunque todavía falta una postura unánime sobre su definición.

Uno de los primeros términos identificados ha sido el de “refugiados medioambientales”. Recientemente, se ha utilizado el término refugiado climático para identificar a las personas que se han visto obligadas a dejar su país no por la transformación general del entorno natural, sino por el cambio climático. Algunas organizaciones internacionales (UNHCR, OIM), criticaron el uso del término “refugiado” en caso de estas migraciones medioambientales. De hecho, la Convención de Ginebra de 1951 prevé el estatus de refugiado a quien se encuentre fuera de su país por miedo a ser perseguido. En el caso de los migrantes medioambientales suele ser complicado hablar de riesgo de persecución. Además, las personas golpeadas por un desastre natural cruzan voluntariamente las fronteras de su país. En lugar del término “refugiado”, son preferibles palabras como “personas desplazadas”.

Los estudios promovidos por el Parlamento Europeo y la Comisión Europea hablan de migraciones provocadas por causas medioambientales. El uso de términos como migrante, refugiado o desplazado nos puede llevar a consecuencias jurídicas muy distintas y, con ello, al reconocimiento de diferentes tipos de derechos.

Las cuestiones que rodean el asunto son numerosas, pero el punto fundamental es el siguiente: la creación de una categoría jurídica implica un acuerdo en su definición, que a su vez significa un acuerdo de las causas y los efectos: a quién se protege y a quién se excluye, a quién se acepta y a quién se rechaza. En definitiva, significa reconocer un fenómeno existente y encontrar soluciones legislativas.

ASGI Associazione per gli Studi Giuridici sull’Immigrazione.

Migrantes medioambientales: protección jurídica

En la actualidad, quien emigra por motivos medioambientales corre el riesgo de permanecer sin protección legal. Quien se encuentra fuera de su país puede ser considerado un inmigrante irregular, con el consiguiente riesgo de sufrir más violencia y discriminación.

Algunos estados intentan encontrar soluciones, pero son casos aislados. Suecia y Finlandia, por ejemplo, proporcionan el reconocimiento de asilo o protección humanitaria a quienes no pueden regresar a sus países por causa de un desastre natural.

En el 2008, el Ministerio del Interior italiano decidió suspender las medidas de repatriación de los ciudadanos de Bangladesh que residían ilegalmente en el país por la crisis que desató el ciclón Sidr. No obstante, Italia, a diferencia de Suecia y Finlandia, no garantizó ninguna forma de protección especial ni dio permisos de residencia.

A nivel teórico, intentamos determinar si quienes emigran por motivos medioambientales pueden verse acogidos por los instrumentos legales ya existentes o si es necesario encontrar nuevos instrumentos. Los instrumentos jurídicos vigentes sólo pueden utilizarse cuando las categorías jurídicas en las que se basan son válidas también para los migrantes medioambientales. Por ejemplo, como resultado de la subida del nivel del mar, algunas islas-Estado del Océano Pacífico pueden desaparecer. Los ciudadanos de esos países se podrían encontrar, literalmente, sin Estado. En este caso se considerarían apátridas y encontrarían protección en la Convención sobre el Estatuto de los Apátridas.

En otros casos, la degradación de su entorno natural puede provocar inestabilidad o violación de los derechos humanos o conflictos. Estudios recientes, por ejemplo, muestran las conexiones entre la sequía, la migración y el conflicto en Siria. En estos casos, los migrantes podrían haber sido protegidos no sólo por las causas medioambientales, sino también por las consecuencias de la degradación del entorno (violencia generalizada, persecuciones, etcétera).

Muchos académicos, en cambio, mantienen que los migrantes medioambientales y la mayoría de refugiados climáticos tienen características y necesidades diferentes del resto de migrantes forzados y que, por esta razón, los instrumentos jurídicos vigentes no son adecuados. En el pasado, se entendió que el estatus de refugiado ya no bastaba y por eso se identificaron nuevas formas de protección, como la subsidiaria o la humanitaria. Del mismo modo, hoy en día necesitamos diferentes formas de protección específica para quien migra por motivos medioambientales. Estos nuevos instrumentos deberían establecer el contenido de una protección reconocible y sus derechos derivados, así como proporcionar la financiación para garantizar la protección real e identificar los actores responsables de su gestión. En otros casos se ha subrayado cómo la movilidad debería considerarse un recurso y no un problema.

Los países industrializados, que son los principales responsables del cambio climático, en lugar de frenar la migración desde los países más castigados por el cambio climático deberían favorecerla. De hecho, la migración representa en sí misma una forma de adaptación: para facilitar la migración se debería tener en cuenta el aumento del grado de adaptación frente a la degradación medioambiental.

ASGI Associazione per gli Studi Giuridici sull’Immigrazione

Cómo afecta el cambio climático a la migración

¿Cómo podemos diferenciar entre los diferentes patrones migratorios provocados por los efectos del cambio climático? ¿Temporales o permanentes? La migración temporal puede surgir como reacción a un desastre natural repentino (un tifón, un huracán o un terremoto, por ejemplo) y provoca el desplazamiento de la población. En este caso, cuando el desastre ha finalizado, la gente desea regresar a sus lugares de origen para reconstruirlos (como suele ocurrir en Bangladesh, por ejemplo). En otros casos, cuando el desastre es lento (como en inundaciones, sequías o desertificación) y tiene un efecto a largo plazo en el medio ambiente, la población puede desplazarse de forma permanente (como en el caso de Filipinas).

¿Forzada o voluntaria? Para entender la diferencia entre la migración medioambiental forzada o la voluntaria, vamos a ver dos casos. Un desastre natural como el tifón Haiyan en Filipinas, que desplazó a 4 millones de personas, puede obligar a la gente a abandonar sus casas como suelen afirmar las personas afectadas por este tipo de catástrofes climáticas. Otro ejemplo puede ser una larga estrategia de adaptación al cambio climático, como en el caso de los campesinos mexicanos que emigran a los EUA en busca de trabajo.

“Mi abuelo, mi padre y yo mismo hemos trabajado en estas tierras. Pero el tiempo ha cambiado… Ahora la lluvia llega tarde y producimos menos. La única solución es marchar, al menos durante un tiempo. Cada año trabajo entre tres y cinco meses en Wyoming. Es mi principal fuente de ingresos.” Miguel, 45, Hueyotlipan, México.

Pakistán es otro ejemplo interesante: además de un gran número de desplazados (debido a las inundaciones y a los corrimientos de tierra) y la absorción de refugiados de países próximos (como Afganistán y Somalia), Pakistán también tiene una larga historia de migración voluntaria, y su diáspora es una de las mayores del mundo.

Aunque cuando hablamos de migración medioambiental predomina la migración dentro de un mismo país (como el desplazamiento hacia las áreas urbanas en el Sahel, en muchos países de América Latina o en China), también encontramos muchos ejemplos (como el caso de los campesinos mexicanos) donde las personas cruzan las fronteras nacionales.

Hanna Mikes – Artemissziò Foundation

Migración medioambiental, una cuestión de justicia

En los años recientes el medio ambiente como propulsor de la migración se ha colocado en el centro de los debates internacionales. Estos giran en torno a las definiciones, los datos, las situaciones y las políticas que afectan a los migrantes medioambientales. Ver también:

  1. (http://publications.iom.int/bookstore/f ree/MECC_Outlook.pdf .);
  2. (http://www.refworld.org/docid/53a3d9d64.html);
  3. (http://www.un.org/apps/news/story.aspNewsID=48201#.VVYU6SgwNqM);
  4. (http://publications.iom.int/bookstore/index.phpmain_page=product_info&cPath=47&products_id=1430).

Dichos análisis muestran cómo el factor medioambiental influencia a todos los demás. Esto resulta evidente, por ejemplo, cuando distinguimos entre las dos principales categorías descritas en los textos de referencia: por un lado, los fenómenos medioambientales repentinos y bruscos; por el otro, los procesos lentos y graduales.

Los datos sobre el primer tipo de migración medioambiental son fáciles de encontrar, si bien la posibilidad de predicción es bastante limitada. La segunda categoría es más difícil de definir porque sus causas a menudo son graduales y “silenciosas”. No obstante, las consecuencias del cambio climático en las condiciones de vida de la población son tan radicales como las consecuencias de los desastres naturales.

Algunas zonas del planeta son puntos clave del cambio climático, es decir, allí donde el actual cambio climático acelera las condiciones ya existentes de degradación medioambiental. Un claro ejemplo de esto lo vemos en un reciente estudio publicado en la revista Global Environment sobre la situación de los países en el Sur del Mediterráneo.

En estos territorios, el cambio climático global ha provocado sequías y aumentos de temperatura durante décadas y las previsiones confirman esta tendencia. Dichos cambios tienen un fuerte impacto en la agricultura regional, incluido el abastecimiento de agua y el sistema de regadío, en la fertilidad del suelo y, por consiguiente, en la producción de trigo y otros alimentos básicos, y también en las enfermedades y las plagas agrícolas.

De la agricultura y la economía rural, estos problemas pasan al conjunto del sistema económico y social. Como la producción de bienes básicos resulta cada vez más difícil, su demanda aumenta. Los precios suben, aparece la falta de “seguridad alimentaria” y esto genera en muchos casos inestabilidad social y política. Egipto, por ejemplo, se convirtió en el mayor importador de trigo del mundo para satisfacer su demanda interna: más del 50% de sus necesidades quedan cubiertas gracias a las importaciones. Este nivel hace que el país sea muy vulnerable a los cambios repentinos de los precios internacionales de los productos agrícolas, con el riesgo de incrementar las tasas de pobreza de la población (una nota: la demanda de cereal va en aumento desde que se utiliza para producir biocombustible y como alimento de animales). Este ejemplo nos muestra las condiciones típicas que empujan a la población a emigrar: ¿cómo podemos distinguir los factores medioambientales de los sociales y políticos?

Obtener datos de este tipo de migración resulta muy complicado metodológicamente hablando, pues es difícil determinar el impacto de las causas medioambientales en la decisión de migrar. Lo que necesitamos es un cambio de perspectiva.

La migración medioambiental puede considerarse una forma de adaptación al cambio climático, pero su principal existencia implica una cuestión de profunda injusticia: los primeros veinte países más afectados por los trastornos medioambientales son responsables de sólo el 1% de las emisiones totales de gas, y el 99% de los desastres naturales provocados por el cambio climático ocurren en países del Sur Global.

La cantidad de la población forzada a marcharse por los procesos vinculados al cambio climático, como hemos visto, es prácticamente imposible de calcular. Pero, sin ninguna duda, quienes han contribuido en mayor medida a las emisiones de gas y al cambio climático no son los que pagan por ello.

Lucia Carbonari, Irene Fisco – Cies Onlus

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